|
|
Lista Franca Junior Nº 10 NOTA: Este boletín es reproducido en EcoPibes con la autorización del Instituto de Conservación de Ballenas, una organización con la cual compartimos nuestro amor por la naturaleza y la educación ambiental. Si deseas utilizar esta información por favor cítalos como fuente. Qué significa...?
¿De qué especie es? por Liliana D. de San Gil Los científicos nos dicen que una especie es una categoría que define al conjunto de seres vivos que se parecen entre sí –considerando la edad y el sexo- y que puede reproducirse dando crías fértiles –que a su vez puedan reproducirse. Pero, ¿por qué existe esta “categoría” y qué importancia tiene para nosotros? A lo largo del tiempo, los científicos y naturalistas, al observar la gran variedad de organismos vivos que existían, trataron de ordenarlos según sus características más notorias, para poder entenderlos mejor. Los estaban clasificando, basándose en su apariencia exterior, dónde vivían, qué comían (en el caso de los animales) o cómo eran sus frutos (en el caso de las plantas). Carl von Linné, un médico y botánico del siglo XVIII –también conocido como Linnaeus o Linneo- diseñó un sistema de clasificación de plantas en el que usaba una “nomenclatura binaria” o nombre de dos palabras, en latín, para designar a cada especie que, con leves modificaciones, se aplica actualmente a todo ser vivo. La primera palabra señala el género –como grupo al que pertenece- y la segunda, a la especie –para diferenciarla de otras similares dentro de ese género. Se escriben siempre juntas, en letra cursiva o subrayadas. Se suman, además, ciertas reglas ortográficas a cumplir: el género empieza con mayúscula y la especie con minúscula. Así, un único nombre designa a cada especie, en cualquier lugar o idioma, para evitar los nombres vulgares que varían en distintas regiones o países. Esto facilita la comprensión entre los científicos, ya que es un modo universal de reconocimiento de la especie que se trate. También podremos encontrar, a continuación, un nombre propio y un número. Estos son el de la persona que la describió oficialmente como especie y el año en que lo hizo. Ej. Cephalorhynchus commersonii (Lacépède, 1804) para nombrar científicamente a la tonina overa, un delfín costero de pequeño tamaño. Aunque algunos nombres científicos fueron elegidos usando el propio apellido del descubridor, la mayoría describe alguna característica propia de la especie. Entre los cetáceos tenemos muchos ejemplos: a la ballena jorobada se la nombró como Megaptera novaeangliae, que significa “gran alada de Nueva Inglaterra”, basándose en sus grandes aletas pectorales y el lugar donde fue formalmente descripta, al noreste de Estados Unidos. El cachalote, el mayor de todos lo odontocetos, recibió su nombre por un rasgo que le es propio: su enorme cabeza en forma de caja de la cual sale un visible soplo, se lo llamó “Physeter macrocephalus” o “soplador de gran cabeza”. Otros nombres hablan del lugar donde viven. Tal es el caso de “Eubalaena australis” o “ballena verdadera del sur” para identificar a nuestra ballena franca austral. Así, se la puede distinguir de otras especies de ballenas francas del mismo género: Eubalaena japónica (o ballena franca del Pacífico norte) y Eubalaena glacialis (o ballena franca del Atlántico norte). Las del norte muestran algunas diferencias en el cráneo y el número de las callosidades, respecto de las del sur, además de las genéticas. Tampoco faltó lugar para el humor: la especie ballena azul, por ejemplo, es conocida científicamente como “Balaenoptera musculus” que significa “minúscula ballena de aleta”, y curiosamente nombra al ¡animal más grande de nuestro planeta! El conocer el nombre de una especie, sirve especialmente en el momento de establecer su estatus. Las “especies en peligro de extinción”, por ejemplo, son las que mayor protección deben recibir. Entre otros cetáceos, las ballenas francas se hallan en esta categoría, especialmente Eubalaena glacialis o Ballena franca del Atlántico norte, de la que quedarían apenas 300 ejemplares. No permitamos que “nuestra ballena franca” llegue a ese extremo! Todavía podemos hacer algo... Actividad A continuación te damos muchas palabras en latín (con sus significados) que seleccionamos al azar. Juntá dos o más y creá tu propio nombre científico para una ballena de tu imaginación! Podés detallar porqué se le dio ese nombre (alguna característica que tenga en particular) y dibujarla!!
Sabías que...?
No pueden nadar solos en el mar, pero sí pasar de la madre a la cría o de una ballena a otra durante la reproducción.
El Instituto de Conservación de Ballenas es una organización sin fines de lucro, cuya misión es proteger a las ballenas a través de la investigación y la educación. Sumate a ellos. Adopta una Ballena Franca Austral y estarás contribuyendo al estudio de mayor continuidad efectuado sobre una especie de ballena, basado en el seguimiento de individuos identificados a través de fotografías aéreas.
Participaron de éste Boletín: Liliana San Gil, María Laura Marcías y Mariano Sironi Ilustraciones: Cecilia Eyssartier, Diego Taboada
Más info en: |
| |||||||