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Lista Franca Junior Nº 17 NOTA: Este boletín es reproducido en EcoPibes con la autorización del Instituto de Conservación de Ballenas, una organización con la cual compartimos nuestro amor por la naturaleza y la educación ambiental. Si deseas utilizar esta información por favor cítalos como fuente. ¿Sabías que?
Por muchos años más... Por Liliana D. de San Gil “Una nueva temporada de ballenas se ha iniciado”, decían los titulares del diario. Y nos alegramos una vez más. Nuevamente todo está preparado para recibirlas oficialmente como se lo merecen, si bien ya hay muchas dando vuelta por la Península Valdés, desde abril. Este año pensábamos contarles que tendrían un lugar seguro donde pasar toda su vida –el santuario ballenero del Atlántico sur-, pero no fue posible. Un santuario ballenero es una zona donde son protegidas, un refugio, donde pueden recuperarse en número y donde la caza y persecución está prohibida. Y esto se pidió en la última reunión de la Comisión Ballenera Internacional, un organismo que empezó a funcionar en 1946 y que se reúne todos los años para votar decisiones que cuiden a las ballenas, de alguna forma. Pero no se consiguieron los votos suficientes, aunque Argentina votó a favor. ¿Y por qué se necesita cuidar a las ballenas de la caza? Simplemente, porque el ser humano fue muy ambicioso, y no pensó que las ballenas valen más vivas que muertas. La historia se inició con el hombre primitivo, que quizás encontró una ballena muerta en la playa y -después de asombrarse por su gran tamaño- vio que podía comer su carne. Cuando pudo construir pequeñas embarcaciones, posiblemente salió a buscar ballenas vivas, tratando de desviarlas hacia la playa, para poder cazarlas. Varios siglos después, en el siglo XII, seres más “civilizados” empezaron a matarlas para vender su carne. El negocio de la caza ballenera había comenzado. La elegida entonces fue la Ballena Franca del Norte, de nadar lento y costera. No sólo su carne servía, sino principalmente la grasa que, escondida bajo su piel, era tan gruesa que le permitía flotar después de morir en el mar. Con el paso de los años, cada vez más usos se encontraban a las ballenas. Cuando el hombre pudo ir más lejos con sus naves, otras ballenas veloces y lejanas fueron alcanzadas, como las ballenas azules, o las ballenas fin, entre otras, y también los cachalotes, de los que obtenían una sustancia escondida en su cabeza, con muchos usos para la industria, además de buscar su carne y dientes de marfil, que los cazadores grababan cuidadosamente en los largos viajes y vendían como adornos, al llegar. A medida que las del hemisferio norte eran cada vez más difíciles de encontrar, se dirigieron a los mares del hemisferio sur, abundantes en ballenas. Después de decenas de años cazando sin control, los balleneros pensaron que el negocio podía terminar y decidieron reunirse para ponerse de acuerdo y limitar un poco esta cacería, dándoles tiempo a las ballenas para recuperarse, para seguirlas cazando, en esa época. Previamente se habían firmado ya algunos acuerdos entre países para proteger internacionalmente a algunas ballenas, entre ellas las francas. Y finalmente nació la Comisión Ballenera Internacional. Con el tiempo, más naciones, balleneras y no balleneras ingresaron a este organismo. Después de establecer algunos santuarios balleneros, decidieron que a partir de 1986 se suspendería la caza de ballenas para vender sus productos, aunque se permitió la “caza científica”. Esto último fue usado por algunos países que deseaban continuar cazando, diciendo que “estudiaban a las ballenas”, aunque en realidad su carne luego es vendida. Tal es así, que recientemente Japón lanzó al mercado sus nuevas “hamburguesas de carne de ballena” Para la mayoría de las personas, las ballenas son seres admirables, aún sin conocer muchos de sus secretos que maravillarían aún más. Por suerte, observar ballenas en su medio natural se ha convertido en un buen negocio, lo cual da esperanza de que aquellos que hoy obtienen beneficios económicos matándolas, entiendan que es mucho mejor negocio mantenerlas vivas. Y así, seguramente, ellas seguirán eligiendo estos mares, cercanos a nosotros para pasar algunos meses de sus vidas y regalarnos la oportunidad de conocerlas y quererlas un poco más ! Actividad
Ballenas en números Se calcula que la población mundial de ballenas francas, antes de la caza comercial, habría sido de 300.000 animales. Hoy día, sólo quedarían 8000 individuos (500 en el hemisferio norte y 7500 en el hemisferio sur)
El Instituto de Conservación de Ballenas es una organización sin fines de lucro, cuya misión es proteger a las ballenas a través de la investigación y la educación. Sumate a ellos. Adopta una Ballena Franca Austral y estarás contribuyendo al estudio de mayor continuidad efectuado sobre una especie de ballena, basado en el seguimiento de individuos identificados a través de fotografías aéreas.
Participaron de éste Boletín: Liliana San Gil, María Laura Marcías Ilustraciones: Cecilia Eyssartier, Diego Taboada
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