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Textos: Santiago G. de la Vega Un lugar llamado Jubany Nos separan de la Antártida distancias que van más allá del millar de kilómetros a recorrer desde Tierra del Fuego. Se suman un clima extremo y mares embravecidos rodeando al aislado continente. Para la gran mayoría de los argentinos, además de las barreras físicas, creo que existen otras barreras que nos alejan: entre ellas, la barrera del desconocimiento. En febrero de 1987 atravesé por primera vez el Pasaje de Drake y desde entonces, sumando distintas campañas, viví más de dos años en la Antártida. Como creo deben sentir muchos de quienes hasta ella han llegado, definitivamente dejo de quedar “tan lejos” para mí. Es cierto que las condiciones climáticas son extremas, aunque se trata de un inmenso continente. En el noroeste de la Península Antártica y las cercanas islas Shetland del Sur, y durante el verano, el clima no es tan riguroso. Por otra parte, el área referida, extendiéndose hacia las islas Sandwich, islas Orcadas e islas Georgias del Sur, integra uno de los ambientes marinos de mayor diversidad y productividad de vida. Fui a trabajar en proyectos de Ecología Costera del Instituto Antártico Argentino, dependiente de la Dirección Nacional del Antártico. El instituto centraliza nuestras actividades científicas, estableciendo convenios con diversas instituciones nacionales y extranjeras. Como país miembro del Tratado Antártico, en vigencia desde 1961, las prioridades son la investigación científica, proteger el medio ambiente, y mantener la paz. Las bases En la actualidad la Argentina opera seis bases permanentes: Jubany, Marambio, Belgrano, San Martín, Esperanza y Orcadas; y siete bases y diversos refugios que operan o se instalan en el verano. Esta nota se enfoca en una de nuestras bases menos conocidas y donde se desarrolla una intensa actividad científica. Mis dos primeras campañas fueron en la Base Esperanza, aunque fue en la Base Jubany donde pude tener experiencias más enriquecedoras como biólogo, tanto por el ambiente natural más diverso, la posibilidad de compartir con otros biólogos, y por los medios disponibles para trabajar en el terreno y en laboratorio. En cuanto a las vivencias humanas, de ambos lugares me quedan en balance muy buenos recuerdos. La base Jubany está situada en la isla 25 de Mayo de las Shetland del Sur, a orillas de la caleta Potter. Enfrenta a un fabuloso glaciar, y el imponente Cerro Tres Hermanos cubre sus espaldas. En ella están puestos los principales esfuerzos en investigaciones biológicas del país [Argentina] en la Antártida, y entre nuestras bases, es donde más se vivencia el carácter internacional del continente. Allí se inauguró en el año 1994 el laboratorio Dallmann, por un convenio de cooperación entre el Instituto Antártico Argentino y el Alfred Wegener Institute for Polar and Marine Research, de Alemania. Cada verano la dotación total ronda entre 50 y 60 personas, entre científicos y personal logístico, incluyendo a los alemanes, en una enriquecedora experiencia. Se suman la cercanía de bases permanentes de otros países como Corea, Uruguay, Chile, Rusia, China, Polonia, y la llegada de algunos cruceros turísticos y buques científicos. Los temas de investigación en Jubany se focalizan en ecología, biología y fisiología de aves y del Elefante Marino del Sur, y en ecología costera, incluyendo desde algas a invertebrados y peces. Con salidas en gomones [pequeñas embarcaciones de goma] y buceos de hasta 30 m de profundidad a cargo de buzos profesionales, es posible concretar los distintos muestreos. El viento es el principal limitante para estos trabajos, y no pocas veces hay que suspender todo y regresar a la costa al empeorar las condiciones. Los laboratorios del Dallmann, provistos con moderno instrumental, posibilitan hacer diversos análisis de las muestras, y otros estudios quedan para el retorno al continente. Entre las aves, a casi siete kilómetros de la base nidifican alrededor de 14.000 parejas de pingüinos Adelia, unas 2500 parejas de pingüinos Papúa, y 250 parejas del Pingüino de Barbijo. Otras destacadas especies nidificantes [que hacen sus nidos] en el área son el Petrel Gigante, el Petrel de Wilson, la Paloma Antártica, el Skúa Grande y el Skúa Antártico, la Gaviota Cocinera, y el Gaviotín Antártico. La colonia del Elefante Marino del Sur que se estudia es la más austral de la especie, e incluye unas 650 hembras. Mediciones y más mediciones En relación al candente tema del incremento del agujero de ozono que se forma en la primavera sobre la Antártida, en Jubany se hacen estudios sobre efectos de los rayos ultravioleta en la vida marina. Se sabe que la radiación ultravioleta puede producir mutaciones en diversos organismos acuáticos, e incluso llega a tener efectos letales. Aunque muchos tienen sistemas para reducir los efectos nocivos. Se conocen tres mecanismos celulares que actúan en la reparación del ADN. Por otra parte, las micosporinas son sustancias que absorben radiación ultravioleta y brindarían protección, (similar a la protección que la melanina da a nuestra piel). Fueron registradas en grupos diversos como dinoflagelados, algas rojas, estrellas de mar, ascidias, algunos bivalvos. En la base funciona también el Laboratorio Argentino que mide la concentración de dióxido de carbono (CO2), principal causante del efecto invernadero. Fue establecido por un convenio de cooperación con el Instituto de Física de la Atmósfera de Roma. Entre otras cosas, los datos permiten comparar los cambios entre invierno y verano, día y noche, y los efectos del viento. Actualmente existen 15 estaciones que toman registros continuos de este gas en el mundo, y tres de ellas se encuentran en la Antártida. Los datos de estos lugares de medición, aislados de agentes externos de producción de gases, son representativos de grandes masas de aire. Así como en todas las bases permanentes, en Jubany hay una estación meteorológica, a cargo de la Fuerza Aérea Argentina, actuando la base Marambio como cabecera. Del análisis de registros de temperatura de distintas bases antárticas, se ha detectado un aumento desde la base Orcadas hacia la Península Antártica, y al ritmo presente, significaría un incremento de 1 ºC en 20 años. Del aumento de temperatura y consecuente retroceso de los hielos terrestres, resultarían cambios en el nivel de los mares. Una logística complicada Para que la base funcione y sea operativa, hay muchas funciones logísticas que desarrollar. Sea desde la provisión y mantenimiento de servicios como energía, agua y calefacción, a las comunicaciones, la comida, o las medidas de seguridad y la atención médica. En los últimos tiempos hay relevos anuales entre miembros de la Armada y del Ejército en estas variadas tareas. Una vez que uno llega a la base, y con el correr de las semanas, queda claro que más allá de la función y especialidad de cada persona, y en especial para quienes pasan el año entero, el factor humano es clave. Tanto para el trabajo en equipo, como para la buena convivencia en las pequeñas comunidades aisladas que representan las dotaciones antárticas. Entre diciembre y abril de cada año, el rompehielos Irizar releva las dotaciones, distribuye los grupos científicos y logísticos y reaprovisiona a las bases. Las bases Orcadas, San Martín y Belgrano, así como todas las bases temporarias, dependen básicamente del Rompehielos Almirante Irizar para sus relevos y reaprovisionamientos. Por las distancias a navegar y la necesidad de atravesar la zona de hielos del Mar de Weddell, la logística de la Base Belgrano es la que demanda mayor esfuerzo, siendo las condiciones de navegación entre los hielos la variable que más puede afectar. A bordo se desarrollan también programas de investigación. Al inicio y fin de la temporada suele haber vuelos adicionales en Marambio, en combinación con el rompehielos. A poco más de un día de navegación de allí, queda la base Jubany. Los Hércules C-130 vuelan desde El Palomar, en Buenos Aires, hacia la Base Marambio, con escala en Río Gallegos. La frecuencia es variable según la estación. A lo largo del año desde Marambio un avión Twin Otter permite conexión con las bases Esperanza y Jubany. La operatividad de los vuelos depende en especial de las condiciones del clima y del estado de los glaciares sobre los que aterriza el Twin con la ayuda de patines. En el invierno llegan a pasar más de dos meses sin que pueda aterrizar, pero cuando llega es una alegría para todos. |
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