|
|
¿Qué es? El radón es un gas radiactivo que no puedes ver, oler ni tocar. Cuando decimos la palabra "radiactivo" la mayor parte de la gente siente muchísimo temor porque lo relaciona mentalmente con las bombas nucleares y accidentes como el de Chernobyl. Efectivamente éstos son casos que nos muestran que debemos tener mucha precaución al utilizar este tipo de materiales. Sin embargo hay muchas substancias -piedras, líquidos, gases- que pueden ser radioactivas y se encuentran naturalmente en el ambiente, por lo cual es importante que sepas que todos estamos expuestos a la radiación... pero en niveles relativamente bajos. ¡No te asustes aún! Pero ¿qué hace que un elemento sea radiactivo? Pues bien, tu ya sabes que muchos elementos químicos se transforman en el ambiente, pero generalmente cuando están en contacto con otro. Por ejemplo,
A diferencia de estos, los materiales radiactivos cambian su forma sin necesidad de entrar en contacto con otro elemento, como si se transforman sin estímulos externos. ¿Por qué pasa esto? Pues bien, podríamos decir que estas sustancias tienen demasiada energía y se trasforman para librarse de ella. ¡Algunos elementos se convierten en nuevos en cuestión de segundos! Como ves, pueden cambiar su forma y sus características químicas relativamente rápido. Sin embargo, hay otras que se transforman muy lentamente, incluso en miles de millones de años. El Radón es uno de los que tienen "corta vida" ya que tarda apenas 3 o 4 días en transformarse. ¿De dónde viene? El Radón se produce en el suelo cuando ciertas piedras radiactivas se descomponen, por ejemplo el Uranio. Este último se encuentra en pequeñas concentraciones en muchos lugares del planeta, sin embargo, solamente en algunas partes del mundo lo hayamos en grandes cantidades. Estos reservorios son conocidos como yacimientos, de la misma forma que existen yacimientos gasiferos, petrolíferos, metalíferos, etc. Como ya sabemos, el Uranio cambia a causa de su radiactividad, el producto de este proceso es el Radón. ¿Recuerdas que es un gas? Pues bien, si estamos al aire libre, el gas se dispersa y no es peligroso. Sin embargo, podemos encontrarlo en aquellas casas que han sido construidas sobre suelos con alta concentración de Uranio, debido a que puede infiltrarse a través de pisos, sótanos, etc. O sea que este es... ¡un contaminante del aire interior! ¿Cuál es el problema? ¿Te acuerdas que estas sustancias cambian porque tienen demasiada energía? Bien, en el proceso de transformación se emite esa energía en la forma de partículas muy pequeñas y poderosas, llamadas alfa y beta. El Radón cambia cinco veces antes de transformarse definitivamente en Plomo y a partir de ese momento permanece estable por muchos años. Cada vez que cambia emite partículas alfa o beta que son tan diminutas y potentes que penetran el cuerpo como si fueran minúsculas "balas". No nos matan inmediatamente pero en grandes cantidades y por largos períodos de tiempo pueden afectar severamente nuestro organismos ya que dañan las células, que son la base de todo ser vivo. Por otro lado, en los distintos estadios que atraviesa el Radón (¿recuerdas que te contamos que se transforma cinco veces?) puede unirse con el polvo e ingresar al cuerpo a través de la respiración. Nuestro organismo tiene numerosos mecanismos para evitar que llegue a nuestros pulmones. Por ejemplo, los pelos y mucosidades de tu nariz intentan "retenerlo" para protegerte de sus efectos, pero este método no es 100% efectivo. Imagínate entonces que el riesgo es mucho mayor cuando el Radón, en sus diversas formas, se encuentra dentro de tus pulmones y continúa emitiendo partículas alfa y beta. Obviamente, el daño puede ser enorme. Ahora comprenderás porque su consecuencia más común es el cáncer de pulmón. ¡En los Estados Unidos, cada año, 5.000 a 20.000 personas mueren de esta enfermedad a causa del Radón![1] En concentraciones elevadas, puede dañar los pulmones tanto como los cigarrillos. ¿Qué podemos hacer? No tienes que asustarte demasiado del Radón. Por un lado, pocas regiones tienen cantidades altas de Uranio en el suelo. Por otro lado, hay una cosa simple que podemos hacer para protegernos: ¡abrir las ventanas! No hay que hacerlo en todo momento, especialmente porque en invierno es mejor dejar las ventanas cerradas para conservar energía de calefacción. Sin embargo, si vives en una región rica de Uranio, ventilar tu casa es una buena idea para protegerte. Recuerda que, en el ambiente, el Radón se disipa y deja de ser peligroso para la salud. [1] Turco, Richard, Earth Under Siege, Oxford University Press, 2002 |
| |||||||